Cuando no hablo…

Un monje le pregunto un dia a su Maestro:

– Que tipo de ensenanza podemos expresar?

– Cuando yo hablo tu no puedes escuchar – Dijo el Maestro

– Maestro, la oye usted mismo? – le pregunto el monje.

– Cuando no hablo, la escucho – respondió el maestro

El adorador del Dragón

El adorador del Dragon

La gran afición del aristócrata Ye venía probablemente de su nacimiento. Según el zodiaco chino, vino al mundo cuando reinaba el signo mas fuerte de los doce animales que conforman el horóscopo chino. No solo nació en el año del Dragón, sino, curiosamente, también con el ascendente de ese animal mitológico. Adoraba ese signo legendario como algo propio de su esencia existencial. Los techos de su residencia se remataban con dragones tallados. Todos los muebles de la casa estaban decorados con imágenes de ese animal omnipotente. Su fabulosa colección de figuras de dragón eran indudablemente la mejor de todo el imperio. Y como si la profusa presencia del animal en su casa no fuera suficiente, adorno todas las prendas con bordados o estampaciones de dragón, se caso con una mujer del mismo signo, doce años mas joven que él, eligió la servidumbre únicamente entre doncellas nacidas con el mismo signo de su preferencia. Dragón, dragón, todo dragón.

Cuando el rey Dragón, que vivía en el cielo, enteró de la gran afición, conmovido y agradecido, descendió a la Tierra para visitarlo. Entró en el salón y lo encontró disfrutando de una preciosa pintura titulada “Nueve Dragones entre nubes”. Pero cuando sintió la presencia de algo raro en su casa, por el vaho helado y magnético que exhalaba el animal todopoderoso, se puso pálido. Su terror creció desmesuradamente cuando vio de soslayo las escamas de un cuerpo ondulante y escarchado. Se desmayó bañado en sudor frío.

El rey Dragón se desilusionó:          -¡Con que sólo te gustaba la representación de mi especie! Cuando ves al dragón de verdad, te mueres de pánico.

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