Sandalo

Muchas veces el aspirante procede respecto a la verdad tan ignorantemente como el hombre de esta historia. No conocía la madera de sándalo, pero había escuchado mucho sobre sus excelencias. Nació así en él un fuerte deseo por conocer esa clase de madera tan ponderada y entonces decidió escribir a sus mejores amigos para pedirles un pedazo de esa clase de madera.

De este modo, escribió numerosas cartas a sus amigos y en todas ellas hacía la misma petición: «Por favor, enviadme madera de sándalo.»

Y un día, de repente, descubrió que el lápiz con el que llevaba meses escribiendo aquellas cartas era precisamente de olorosa madera de sándalo. El ser humano busca la felicidad fuera de él, cuando la verdadera y estable felicidad se halla en su interior.

Pide lo que ya tiene, busca lo que nunca ha perdido.

La tortuga y las redes del conocimiento

El senor Yuan, de Song, soñó una noche que un hombre con el cabello despeinado lo atisbaba desde la puerta y le decía:
– He venido desde las profundidades de Tsai Lu e iba de camino, desde el resplandeciente Yantsé, como embajador ante el Señor del Río Amarillo, cuando un pescador llamado Yu Chu me capturó.

Inmediatamente, el señor Yuan se despertó y pidio a un adivino que le interpretara el significado del sueño.
-Se trata de una tortuga sagrada- dijo el adivinador.
-Existe un pescador llamado Yu Chu?- preguntó el señor.
-Así es- le dijeron.
El señor dijo:
-Ordenad que Yu Chu venga aquí.
Al día siguiente se presentó Yu Chu, y el gobernante le pregunto:
-Que has capturado últimamente?-
El hombre replicó:
-Recientemente he capturado en mis redes una tortuga blanca. Mide unos dos metros de circunferencia.
-Muestra tu tortuga- dijo el gobernante.
Cuando apareció la tortuga, el gobernante no pudo decidir si matarla o dejarla. Su corazón estaba afligido, por lo que consultó con el adivino, y este le dijo:
-Mata a la tortuga y utilízala para hacer adivinaciones y recibir un oráculo.
Y así fue como quitaron el caparazón a la tortuga e hicieron en él setenta y dos agujeros para utilizarlos para hacer adivinación. Ninguno de ellos dejó de ofrecer un buen oráculo.

Confucio dijo:
– La tortuga sagrada pudo manifestarse en un sueño al señor Yuan, pero no pudo escapar a las redes de Yu Chu. Tuvo la suficiente sabiduría para dar setenta y dos adivinaciones correctas, pero no pudo escapar a que le cortaran sus órganos vitales. Así es; la sabiduría tiene sus limitaciones, e incluso la espiritualidad tiene algo que está fuera de su alcance. Incluso la sabiduría perfecta puede ser derrotada por una multitud de personas dedicadas a la intriga.

«Los peces no parecen temer a las redes; solo parecen temer a los pelícanos. Líbrate del conocimiento mezquino y deja que el gran conocimiento te ilumine. Líbrate de la bondad, y la bondad surgirá en ti en forma natural. Cuando nace un niño, no necesita un gran maestro; no obstante, aprende a hablar al ir viviendo con quienes hablan.»

Cuando no hablo…

Un monje le pregunto un dia a su Maestro:

– Que tipo de ensenanza podemos expresar?

– Cuando yo hablo tu no puedes escuchar – Dijo el Maestro

– Maestro, la oye usted mismo? – le pregunto el monje.

– Cuando no hablo, la escucho – respondió el maestro

Hui Ke Busca el Camino

Se dice que durante la dinastía Wei del Norte, Bajo mando del emperador Xiao Ming, una madre y su hijo vivían en un lugar llamado Wuzhiling. El nombre del hijo era Ji Guang, cuando niño era enfermizo, delgado y débil, y aún cuando tenía veinticinco años todavía no era lo suficientemente fuerte para acarrear dos cubetas de agua en un palo sobre los hombros. Como su familia era demasiado pobre para buscar tratamiento en un hospital sus vecinos le dijeron a Ji Guang que fuera al monasterio «Caballo Blanco» en Luogang y que se uniera a los monjes.

Ji Guang hizo lo sugerido por sus mayores y fue a Luoyang. Sin embargo, cuando los maestros ahí vieron su cara demacrada y pálida y sus huesos que eran delgados y quebradizos, nadie lo tomaría como discípulo. Entonces fue cuando uno de los mojes de bajo rango del monasterio «Caballo Blanco» sugirió que Ji Guang fuera al monasterio Shaolin, al pie de la montaña Song, diciéndole que un monje Indio de nombre Da Mo, acababa de llegar ahí. A parte de ser capaz de recitar los sutras y de ser bien versado en Budismo, este monje indio aparentemente sabía unos ejercicios de fortalecimiento física, y el monje de bajo nivel le mencionó a Ji Guang que si lo tomaba como su maestro, entonces además de aprenderse los sutras, él podría entrenar y hacerse sano y fuerte.

Después de escuchar lo que el monje de bajo rango tenía que decirle, Ji Guang viajó a Shaolin donde preguntando a los entendidos supo que Da Mo estaba meditando en una cueva dentro del Pico de las cinco animales. Trepó la montaña y vio en el medio de la cueva a Da Mo sentado con las piernas cruzadas, su bata ceremonial puesta sobre los hombros, mirando hacia la pared con los ojos cerrados y sus manos puestas juntas en actitud de meditación. Ji Guang paró en la boca de la cueva por varias horas hasta que Da Mo finalmente emergió.

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Ji Guang examinó al hombre. Era de un poco más de siete pies, con cara larga y quijada ligeramente afilada, larga y abundante cabellera, y barba cerrada. Con grandes arracadas cobrizas colgando de sus oídos, sus ropas arremangadas hasta las rodillas y sus pies descalzos. Afuera Da Mo comenzó a entrenar, estiraba y recogía sus manos, avanzaba y retrocedía; estirando, flexionando y girando su cuerpo. Emitiendo gritos atronadores continuo durante horas y cuando termino actúo como si no se hubiera dado cuenta de la presencia de Ji Guang y se dirigió hacia el interior de la cueva y se sentó en un una cama de madera puesta contra la pared de roca. Ji Guang espero para que Da Mo se sentara y entonces fue dentro de la cueva tras de él. Inclinándose le pidió que le aceptara como su estudiante. «Si puedes moverme de esta cama se enseñaré» contestó Da Mo.

Ji Guang junto valor y prosiguió tomando el brazo de Da Mo con ambas manos y entonces, haciendo uso de todas sus fuerzas, jalo; pero justo como lo había pensado, el hombre parecía estar clavado a la cama. No se movió ni un centímetro. Ji Guang dejo caer sus brazos. Da Mo se levantó de la cama y dijo «Yo no enseño a debiluchos; Regresa a tu casa, haz los ejercicios que acabo de hacer y cuando los hayas perfeccionado puedes volver. Si puedes moverme de esta cama, entonces pasaré mi conocimiento a ti.»

Después de regresar a casa Ji Guang entreno por muchas horas cada día, practicando el qigong que había visto practicar a Da Mo. En menos de un año él estaba fuerte y acondicionado, con caderas fuertes y hombros amplios, una clara y resonante voz, y una cara saludable. Durante su entrenamiento él creo un numero de nuevas técnicas incluyendo «exhala cuando ataques», «inhala cuando recibas», «gira el cuerpo cuando te muevas», «gira el puño cuando golpees», y «puños tan rápidos que no se ven». Cuando había dominado las técnicas regreso a Shaolin para encontrarse con Da Mo; como la primera vez Da Mo se sentó en la cama de madera y permitió que Ji Guang intentara quitarlo de ahí. Juntando todo su qi, Ji Guang Tomó el collar hecho de huesos de Da Mo con una mano y con la otra violentamente golpeó la cabecera de la cama, mientras gritaba con toda su voz.

Sorprendido, derrepende Da Mo, se encontró fuera de la cama, en la cual Ji Guang se subió y se echo en su lugar.

Da Mo estaba furioso, pensando «Que hombre tan descarado!» levantó su enorme puño y lo lanzó hacia Ji Guang, mientras él atacaba, Ji Guang juntó su fuerza, se inclino hacia la orilla de la cama, y tomando los soportes los arrancó por debajo de él. Mientras la cama colapsaba él calló con ésta y el puño de Da Mo pasó sin peligro sobre su cabeza. Sin decir una palabra Da Mo recogió del suelo a Ji Guang y le asintió una vez.

Justo entonces una bandada de cuervos aterrizo en el árbol de peras de afuera de la cueva, y graznando alegremente empezaron a picar las peras. Da Mo le dijo a Ji Guang «Ve y deshazte de ellos» Ji Guang caminó hacia el árbol, agitó las manos y gritó. Asustados, la bandada de cuervos graznó y voló fuera del árbol. Sin embargo, cuando Ji Guang regreso a la cueva, los cuervos dieron la vuelta y se volvieron a posar en el árbol. Ante esto Da Mo no abandonó la cueva. Él simplemente levantó el brazo y agito su mano hacia fuera varias veces causando que un viento frío soplara de la cueva hacia el árbol de peras, asustando a los cuervos para que no regresaran.

Cuando Ji Guang iba a hablar Da Mo fríamente le dijo, «Regresa a tu casa y entrena. Cuando puedas hacer ‘El puño golpeador acarrea viento’ y ‘Pies como un dragón volador’ puedes volver.

Sin emitir un sonido Ji Guang dio la vuelta y se fue. Después de regresar a casa refinó continuamente su técnica de ‘El puño golpeador acarrea viento’ y también encontró varios maestros que le enseñaran nuevas técnicas. Durante el periodo de un año, mientras practicaba técnicas de salto, lentamente descubrió esto: «Cerca del oponente tan ágil como el viento», «Si pierdes una oportunidad, regresa rápidamente», «Un ataque debe ser como la punta de un cuchillo», «Avanza tan poco sea posible», «Exhala para golpear con fuerza», «Grita para sorprender a tu oponente», «Se tan misteriosos como un dragón de inundación» y «La victoria depende de la velocidad». Cuando hubo aprendido estas cosas fue otra vez con Da Mo, quien había bajado de la cueva al monasterio para practicar El Budismo.

Cuando llegó a Shaolin Ji Guang encontró a Da Mo. Como reverencia de bienvenida dos gorriones volaron dentro del recinto y se posaron en la parte superior del salón. El cual llenaron de un constante y molesto piar. Da Mo estaba a punto de ondear su mano cuando Ji Guang salto en el aire y tomo a los gorriones en sus manos. Feliz, Da Mo asintió dos veces y apuntando dijo, «Está bien parate ahí y espera un momento, y entonces te enseñaré.»

Los ojos de Ji Guang siguieron la dirección indicada y vió un antiguo pino que crecía en frente del salón. Camino a fuera donde el árbol y comenzó su vigilia.

Era un crudo invierno y en ese día el cielo estaba negro y amenazador, y una fina nevada caía del cielo. Ji Guang no había pasado de pie mucho tiempo cuando el viento comenzó a soplar desde el norte trayendo con cada soplido hojuelas de nieve hasta que al tierra y el cielo estaban como cubiertos por una manta blanca. Espero y las horas pasaron, sus pies y manos se enfriaban. Finalmente, como Da Mo no salía, junto su qi y comenzó a entrenar. Entreno por todo un día pero Da Mo seguía sin salir del recinto.

En el segundo día Ji Guang mantenía su concentración y continuaba practicando. La nieve ya llegaba a la altura de sus rodillas, pero como Da Mo no salía él continuo la práctica hasta bien entrado el tercer día.

Los Edificios, los árboles, el suelo, todo estaba cubierto de hielo. Sólo el lugar donde estaba practicando, del tamaño de una vaca echada, estaba limpio de nieve.

En las ramas del viejo pino sobre la cabeza de Ji Guang se había acumulado una enorme masa de nieve. De repente, por el viento, con un fuerte crack se rompió y se abalanzó hacia abajo. Ji Guang simplemente se hizo a un lado y cachó la nieve en sus brazos. Estaba ansioso y frustrado por haber esperado por tanto tiempo, entonces con un potente tiro mandó la bola de hielo al salón. Se estrelló con un arco y se rompió, los fragmentos cayendo alrededor de Da Mo, sacándolo de su meditación. Agitado, se levantó rápidamente y salió a ver a Ji Guang parado en medio de la nieve, todavía esperando por él.

Caminando hacia Ji Guang, Da Mo vio el largo espacio sin nieve y no pudo evitar sorprenderse. Después de arreglarse las ropas asintió tres veces y dijo, «Te concedo el nombre religioso de Hui Ke. Desde hoy tu serás mi primer discípulo en el monasterio Shaolin».

Hoy el monasterio Shaolin tienen un pabellón llamado «El pabellón de parado bajo la nieve», se encuentra construido en el lugar donde Ji Guang Esperó a Da Mo. Aún ahora, entre los monjes de Shaolin, Ji Guang es conocido como Hui Ke de la segunda generación.

El guerrero y la taza de Te

Según una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad «Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó: «A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada»

El maestro y el escorpión

Un maestro de Oriente, vio que un escorpión se estaba ahogando y decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el escorpión lo picó. Por la reacción de dolor, al maestro se le cayó el animal al agua otra vez y ya estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez y otra vez el animal lo picó. Alguien que estaba viendo al maestro se le acercó y le dijo: «Perdone, pero usted es terco! No entiende que cada vez que trata de sacar al escorpión del agua lo va a picar? El Maestro le respondió: «La naturaleza del escorpión es picar, la mía es ayudar y su naturaleza no va a cambiar la mía» Así que con la ayuda de una hoja, el maestro lo tomó del agua y le salvó la vida al escorpión, y continuó: «No cambies Tu naturaleza. Si alguien te hace algo malo: solo aprende. Cuando la vida te de razones para llorar, descubre que tienes más razones para sonreír. Preocúpate más por tu Conciencia que por tu reputación. Porque tu Conciencia es lo que eres y tu reputación es lo que otros piensan de ti. Y lo que otros piensan de ti… es problema de ellos.

Cuidado

CUIDADO

El sacerdote anunció que el domingo siguiente iría a la iglesia el mismísimo Jesucristo en persona y, lógicamente, la gente acudió en tropel a verlo.

Todo el mundo esperaba que predicara, pero él, al ser presentado, se limitó a sonreír y dijo: «Hola».

Todos, y en especial el sacerdote, le ofrecieron su casa para que pasara aquella noche, pero él rehusó cortesmente todas las invitaciones y dijo que pasaría la noche en la iglesia.

Todos pensaron que era apropiado.

A la mañana siguiente, a primera hora, salió de allí antes de que abrieran las puertas del templo. Y cuando llegaron el sacerdote y el pueblo, descubrieron horrorizados que su iglesia había sido profanada: las paredes estaban llenas de «pintadas» con la palabra «¡Cuidado!». No había sido respetado ni un solo lugar de la iglesia: puertas y ventanas, columnas y púlpito, el altar y hasta la Biblia que descansaba sobre el atril.

En todas partes «¡Cuidado!», pintado con letras grandes o con letras pequeñas, con pincel o aerosol, y en todos los colores imaginables.

Dondequiera que uno mirara, podía ver la misma palabra: «¡Cuidado!».

Ofensivo. Irritante. Desconcertante. Fascinante. Aterrador. ¿De qué se suponía que había que tener cuidado? No decía. Tan sólo decía «¡Cuidado!».

El primer impulso de la gente fue borrar todo rastro de aquella profanación, de aquel sacrilegio. Y si no lo hicieron, fue únicamente por la posibilidad de que aquéllo hubiera sido obra del propio Jesús.

Y aquella misteriosa palabra, «¡Cuidado!», comenzó, a partir de entonces, a surtir efecto en los feligreses cada vez que acudían a la iglesia. Comenzaron a tener cuidado con las Escrituras, y consiguieron servirse de ellas sin caer en el fanatismo. Comenzaron a tener cuidado con los sacramentos, y lograron santificarse sin incurrir en la superstición. El sacerdote comenzó a tener cuidado con su poder sobre los fieles, y aprendió a ayudarles sin necesidad de controlarlos. Y todo el mundo empezó a tener cuidado con esa forma de religión que convierte a los incautos en santurrones.

Comenzaron a tener cuidado con la legislación eclesiástica, y aprendieron a observar la ley sin dejar de ser compasivos con los débiles. Comenzaron a tener cuidado con la oración, y ésta dejó de ser un impedimento para adquirir confianza en sí mismos.

Comenzaron, incluso, a tener cuidado con sus ideas sobre Dios, y aprendieron a reconocer su presencia fuera de los estrechos límites de la Iglesia. Actualmente, la palabra en cuestión, que entonces fue motivo de escándalo, aparece inscripta en la parte superior de la entrada de la iglesia, y si pasas por allí de noche, puedes leerla en un enorme cartel de luces multicolores.

 

 

… de que hablan cuando hablan de «Temor de Dios»?

…Es conmovedora la oración: «Comenzaron a tener cuidado con la oración, y ésta dejó de ser un impedimento para adquirir confianza en sí mismos.» – Que difícil que es lograr que la herramienta no se transforme en el fin, mas difícil es dirigir nuestras oraciones hacia el interior de nuestro ser «donde también esta Dios». Es mucho mas fácil mirar hacia arriba que mirar hacia a nuestro corazón.

 

Las Campanas del Templo

El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.

Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas.

Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se había alzado el templo, y escuchó con toda atención.

Pero lo único que oía era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas, al objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.

Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar aquellas palabras… para retornar al desaliento cuando, tras nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adios al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros.

Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que producía en su corazón…

¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campanilla, seguido por el de otra, y otra, y otra… Y en seguida todas y cada una de las mil campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombro y alegría.

Anthony de Melo

 

Para reflexionar (Don de Sabiduría):

Muchas veces se confunde el don de la sabiduría con el conocimiento de cosas, con lo científico, con el saber. Sin embargo, la sabiduría es otra cosa. Todos tenemos experiencias de conocer a personas sabias que no han realizado grandes estudios. ¿Cómo se obtiene el don de la sabiduría? Al decir que es un don, queda claro que es un regalo. Muchas veces recibimos regalos que no utilizamos, que dejamos olvidados en algún rincón de la casa. Esto mismo nos puede pasar con los dones del Espíritu Santo. Para hacerlos crecer dentro nuestro, para hacerlos germinar y que no queden como semillas, es necesario una acción de parte del hombre. En este caso, el hombre tiene que estar dispuesto a gustar de la vida, de Dios. Ser capaz de desprenderse de todo para dejarse llenar por Dios, disfrutándolo.

El don de la sabiduría crece en el corazón más que en la mente

 

 

El adorador del Dragón

El adorador del Dragon

La gran afición del aristócrata Ye venía probablemente de su nacimiento. Según el zodiaco chino, vino al mundo cuando reinaba el signo mas fuerte de los doce animales que conforman el horóscopo chino. No solo nació en el año del Dragón, sino, curiosamente, también con el ascendente de ese animal mitológico. Adoraba ese signo legendario como algo propio de su esencia existencial. Los techos de su residencia se remataban con dragones tallados. Todos los muebles de la casa estaban decorados con imágenes de ese animal omnipotente. Su fabulosa colección de figuras de dragón eran indudablemente la mejor de todo el imperio. Y como si la profusa presencia del animal en su casa no fuera suficiente, adorno todas las prendas con bordados o estampaciones de dragón, se caso con una mujer del mismo signo, doce años mas joven que él, eligió la servidumbre únicamente entre doncellas nacidas con el mismo signo de su preferencia. Dragón, dragón, todo dragón.

Cuando el rey Dragón, que vivía en el cielo, enteró de la gran afición, conmovido y agradecido, descendió a la Tierra para visitarlo. Entró en el salón y lo encontró disfrutando de una preciosa pintura titulada “Nueve Dragones entre nubes”. Pero cuando sintió la presencia de algo raro en su casa, por el vaho helado y magnético que exhalaba el animal todopoderoso, se puso pálido. Su terror creció desmesuradamente cuando vio de soslayo las escamas de un cuerpo ondulante y escarchado. Se desmayó bañado en sudor frío.

El rey Dragón se desilusionó:          -¡Con que sólo te gustaba la representación de mi especie! Cuando ves al dragón de verdad, te mueres de pánico.

Niveles de Conciencia, la meditación despues de la meditación

meditoMuchas veces cuando intentamos sumergirnos en un proceso de meditación en busca de nuestra interioridad comenzamos a descubrir un proceso de personalización desencadenado por una profunda transformación. Para entender este proceso es importante tomar conciencia de distintos niveles en el que este proceso se desarrolla.

a)      Información sobre sí. Este es el nivel mas superficial, puede disponer para la transformación; pero es ambivalente, ya que se presta a la racionalización y puede reforzar los mecanismos inconscientes de defensa. Al centrarse en los datos objetivables (autoanálisis, diagnóstico de personalidad, examen de conciencia desde esquemas de perfección…), da la impresión de verdad; per es una verdad que no alcanza el corazón, la actitud espiritual.

b)      Reflexión. Esto implica un cuestionamiento ¿Qué sentido tiene la existencia humana? ¿en que condiciones se desarrolla la condición humana? ¿Qué significa Dios? ¿Por qué la relación con Dios pasa por la experiencia humana? ¿Qué aportan los caminos de espiritualidad?- Esta reflexión se desenvuelve en el espacio del yo y la realidad. Necesaria para la autonomía, pero incapaz de hacernos salir de nosotros mismos.

c)       Toma de conciencia. Cuando el conocimiento es iluminación, es decir descubrimiento y novedad, en que aparece lo oculto. Estaba ahí, pero no era consciente. Solo esta forma de conciencia hace que la persona cambie en sus actitudes ante la realidad. Es la diferencia entre la comprensión del contenido de un diagnostico psicológico o espiritual y el reconocimiento liberador. Aunque sea doloroso, de la verdad personal. O la diferencia entre la lectura moralista del Evangelio o preceptos y la cambia de horizonte de sentido.

d)      Tomar la vida en las propias manos. La autoconciencia, a este nivel entra en una dinámica global, totalizadora, pues va más allá de decisiones particulares. Esto hace que la persona se sienta sujeto, centro personal. Coincide con la autenticidad y es la plataforma antropológica para el discernimiento espiritual, por cuanto que éste, según vimos, no consiste primordialmente en razonamientos de probabilidad, sino en vivir desde dentro, siendo fiel a sí mismo (no confundir con narcisismo o egocentrismo).

e)      Conciencia concomitante, La podemos definir como vivir intensamente, ser consciente, está abierto. Esto es  mucho más profundo que la reflexión, aunque no lo parezca. La reflexión supone distanciamiento, y en este punto estamos superando la distancia entre sujeto y objeto.

f)       La intimidad en la relación. La autoconciencia ha sido liberada del yo en presencia del tú y se ha hecho intimidad- Autoconciencia en acto de amor, que solo es posible en la relación misma, en el encuentro. Sentirte tú conmigo y sentirme yo contigo.

g)      Ser mas en si mas allá de sí. Cuando la conciencia se encuentra con el Tu Absoluto, se produce el máximo de autoconciencia, en a medida en que predomina la teoconciencia, el ser desde El, la intencionalidad teologal.

Al entrar en una meditación profunda buscando el descubrimiento de nuestro Yo es importante tomar conciencia de estos niveles, que como  podemos observar se trasladan más allá del simple ejercicio de la meditación. Estaremos construyendo entonces algo en nuestras vidas partiendo del ejercicio de meditar.

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