Cuentos – El Regalo

Buda estaba trasmitiendo sus enseñanzas a un grupo de discípulos cuando un hombre se le acercó e insultó, con intención de agredirlo. Ante la expectación de los allí presentes, Buda reaccionó con absoluta tranquilidad, quedándose quieto y en silencio.

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Cuando el hombre se fue, uno de los discípulos -indignado por tal comportamiento-, preguntó a Buda por qué había dejado que aquel extraño lo maltratara de ese modo.
Buda respondió con serenidad: “si yo te regalo un caballo pero no lo aceptas, ¿de quién es el caballo?”. El alumno, tras dudar un instante, respondió: “Si no lo aceptase, seguiría siendo tuyo”.

Buda asintió y le explicó que, aunque algunas personas decidieran gastar su tiempo regalándonos insultos, nosotros podíamos elegir si queríamos aceptarlos o no, como haríamos con cualquier otro regalo.

”Si lo tomas, lo aceptas, y si no, el que te insulta se queda con el insulto en sus manos”

Cuentos – De Zapatos y Paraguas – Consciente

Después de diez años de aprendizaje, un discipulo alcanzó un entendimiento profundo del Zen.

Un día lluvioso, fue a visitar a su maestro y antes de entrar dejo en la puerta su paragua y sus zapatos.

Cuando entró a su pequeña casa, el maestro lo saludó.

-Maestro!
Dijo el discipulo

-He venido a decirte que creo que despues de 10 años de dura práctica, ya estoy preparado para ser un Maestro.

-Bien
Le contestó.
– Dime, dejaste tu paraguas, ¿a la derecha o a la izquierda de tus zapatos?

El discipulo pensó un momento pero no supo responder.

En ese momento se dio cuenta que aun no había logrado la conciencia plena, así que estudió con él por diez años más.

Frase del día –

“El camino es fácil para quien no tiene preferencias”

Intentar atrapar dos conejos a la vez

Un estudMonjesiante de artes marciales se acercó a su profesor con una pregunta. “Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender de usted, quisiera estudiar con otro profesor, para aprender otro estilo. ¿Qué piensa usted de esta idea?”.

“El cazador que persigue dos conejos”, contestó al profesor, “no atrapa ninguno”.

El misterioso registro de la sabiduría inmóvil

Se dice que lo que llamamos Fudo Myo-o (una colérica representación del Buda central Vairocana) es la combinación de una mente inmóvil y un cuerpo decidido, que actúa sin vacilar. Decidido significa que no se detiene ante nada. La mente que observa algo pero no se detiene es una mente inmóvil. Pero, cuando la mente se detiene ante algo, el espíritu se llena de todo tipo de juicios de valor y la invaden todo tipo de movimientos. Cuando estos movimientos cesan, la mente detenida se mueve, pero en realidad no se mueve… Apenas percibes que la espada de tu adversario se mueve en dirección a ti para asestarte un golpe, si sólo piensas en ella y en cómo harás para evitarla,  tu mente quedará fijada en la espada, sea cual fuere la posición en que se encuentre, tus movimientos quedarán incompletos y serás abatido por tu adversario…

La acción de la chispa y la piedra… destaca la idea de que la mente no debe ser detenida por ninguna cosa; también nos dice que, incluso en cuestiones de velocidad, es esencial que la mente no se detenga. Cuando la mente se detiene, el adversario la captura. Por otro lado, si la mente contempla su propia celeridad y entra en acción rápidamente, será capturada por su propia contemplación… Situar la mente en un lugar es lo que llamamos “caer en la parcialidad”. Se dice que la parcialidad consiste en tener preferencias por un lugar, mientras que la corrección está en moverse por todos lados sin detenerse. La Mente Correcta es la que recorre todo el cuerpo por completo y no prefiere un lugar concreto… Al esfuerzo de no detener la mente en un solo lugar lo llamamos “disciplina”. No detener la mente es objeto y es esencia. Si no la situamos en un lugar, la mente estará presente en todas partes. Incluso cuando la mente se mueve fuera del cuerpo, si la enviamos en una dirección, no estará presente en ninguna de las otras nueve direcciones. Si no restringimos la mente a una sola dirección, ella estará presente en las diez.

Takuan Soho (1573-1645) Maestro de Musashi, sobre el Libro de los 5 anillos.

Una taza de Té llena

Un dia un estudioso fue a ver a Nanin, un monje zen, para preguntarle sobre el Zen.te
Nanin le ofrecio una taza de té.
Sirvio el té en la taza y aunque estaba llena continuó sirviendo…
-Maestro es suficiente!! ya está llena!

– Eres igual a esta taza, lleno de tus propios pensamientos e ideas. Si no vacias tu interior primero, como puedo enseñarte Zen?

“Con la mente llena de prejuicios no podrás escuchar la verdad que dicen los otros. La mayoría de las personas cuando conversan, se apuran a dar su opinion y el resultado es que no escuchan mas que el sonido de sus propias palabras!”

 

 

Yo estoy

Unos viajeros vieron al anciano parado observando las montañas.

Fueron con el anciano y le preguntaron que miraba, este contesto:

– Nada

Sorprendidos le preguntaron que hacía allí. El anciano contesto:

– Nada

Le preguntaron por que estaba allí mirando las montañas. El anciano respondio:

– Porque las montañas estan allí y yo estoy aquí.

Vacio

Debatiendo sobre el pensamiento

krishnamurti

 

Recuerdo que unos años atrás debatimos con un grupo personas respecto de un texto muy interesante.
Comenzamos el debate tratando si es posible que las ideas unan a las personas. Encontramos que esto no es posible ya que las ideas en un grupo de personas que pertenecen a una misma ideología son todas diferentes. Las ideas no son más que imágenes, sensaciones, palabras. A veces el miedo ocupa este lugar, el miedo y el odio en común une personas frente a otras. Vean sus comunidades, países, grupos, solo basta un buen blanco a quien temer u odiar y se generará una energía inmensa.
Debatiendo sobre otros párrafos del texto que leímos surgió el cuestionamiento a la frase armada de que el Amor une personas. Antes de comenzar a hablar más del Amor preferí debatir un poco sobre si el amor es una idea, si es algo que se pueda pensar. Cuando hay pensamiento acerca del amor, ¿es eso amor?
Profundizando un poco más esta línea de pensamiento dimos vueltas en la idea de que el Amor es algo de la mente, que comienza a inundar el corazón. Finalmente cuestionamos estas ideas y muchos de los presentes no se quedaron conformes en eso y comenzaron a argumentar enérgicamente que en el Amor no hay pensamiento, que el Amor es opuesto al pensamiento. Opino que contrariamente a este último planteo el Amor requiere un nivel más profundo de pensamiento.
Un maestro decía que cuando la mente esta quieta, vacía, sin celos, miedos, cuando la mente abandona el temor y su propia realización, allí es posible el Amor.
La última reflexión nos enfrenta a la necesidad de que para poder saber qué es el amor debemos trabajar en nuestra mente, para poder comprender en su totalidad lo que significan las modalidades de nuestro propio pensamiento, de nuestros deseos, etc.
El amor está lejos del sentimentalismo y del romanticismo, no depende de nada, es un estado difícil de comprender y alcanzar, ya que la mente está interfiriendo, limitando. Tenemos que comprender primero la mente, su funcionamiento, sino, quedaremos aprisionados en ilusiones, sensaciones y palabras con muy poco significado.
Vivir, o alcanzar un estado semejante es posible cuando tengamos un amplio y profundo conocimiento de nosotros mismo.

La muñeca que quería saber (Cuento Zen)


Quería ver el mar a toda costa. Era una muñeca de sal, pero no sabía lo que era el mar.
Un día decidió partir. Era el único modo de poder satisfacer su deseo. Después de un interminable peregrinar a través de territorios áridos y desolados, llegó a la orilla del mar y descubrió una cosa inmensa, fascinadora y misteriosa al mismo tiempo.
Era el alba, el sol comenzaba a iluminar el agua encendiendo tímidos reflejos, y la muñeca no llegaba a entender.
Permaneció allí firme, largo tiempo, como clavada fuertemente sobre tierra, con la boca abierta. Ante ella, aquella extensión seductora. Se decidió al fin. Preguntó al mar:
– Dime: ¿quién eres?
– Soy el mar.
– ¿Y qué es el mar?
– Soy yo.
– No llego a entender, pero lo desearía tanto… Explícame lo que puedo hacer.
– Es muy sencillo: tócame.
Entonces la muñeca cobró ánimos. Dio un paso y avanzó hacia el agua.
Después de dudarlo mucho, tocó levemente con el pie aquella masa imponente. Obtuvo una extraña sensación. Y, no obstante, tenía la impresión de que comenzaba a comprender algo.
Cuando retiró la pierna, descubrió que los dedos del pie habían desaparecido. Quedó espantada y protestó:
– ¡Malvado! ¿Qué me has hecho? ¿Dónde han ido a parar mis dedos?
El mar replicó imperturbable
– ¿Por qué te quejas? Simplemente has ofrecido algo para poder entender. ¿No era eso lo que pedías?
La otra insistía:
– Sí… Es cierto, no pensaba… Pero…
Reflexionó un poco. Luego avanzó decididamente dentro del agua. Esta, progresivamente, la iba envolviendo, le arrancaba algo, dolorosamente. A cada paso la muñeca perdía algún fragmento. Cuanto más avanzaba se sentía disminuida de alguna porción de sí misma, y le dominaba más la sensación de comprender mejor. Pero no conseguía aún saber del todo lo que era el mar.
Otra vez repitió la acostumbrada pregunta:
-¿Qué es el mar?
Una última ola se tragó lo que quedaba de ella. Y precisamente en el mismo instante en que desaparecía, perdida entre las olas que la arrastraban llevándosela no se sabe dónde, la muñeca exclamó:
¡Soy yo!
Cuento Zen.

Múltiples Despertares

guilt

Escrito con la idea de compartir experiencias, anecdotas personales o pequeñas epifanías con el grupo de la escuela.

Múltiples Despertares.

Cuando nos metemos en el mundo de la filosofía comenzamos a preguntarnos cuestiones que nunca antes habíamos pensado. No porque no existieran sino porque parecían que estaban en un estado latente, como dormido. Es por eso que tenemos una sensación de despertar de un largo sueño al preguntarnos o respondernos ciertas cosas.

Aún así la vida nos sorprende y no solo nos despierta, sino que entramos desde ese entonces en una consecución de despertares, y cada uno de ellos es tan placentero como el primero.

Poco a poco nos vamos llenando de luz, pero como si la estuviéramos recuperando de antes, de un estado en el que estuvimos pero en el que no nos reconocemos. A la vez, cuando “despertamos” nos da por un tiempo la sensación de que todo lo sabemos, y cuando terminamos de recorrer ese nuevo aprendizaje nos volvemos a sentir nuevamente limitados de conocimiento queriendo saber aún más, y nos abrimos para un nuevo aprendizaje.

No conozco cual será el límite, si es que lo hay. Pero lo que nos condujo al momento en que estamos, es lo mismo que nos motiva a seguir sumergiéndonos en esa sensación de verdad, abriendo puerta por puerta, despertando poco a poco. De todas formas nos mantenemos en la búsqueda de llegar a ese objetivo, la verdad, dios o como se le quiera llamar. Lucha inagotable, como un burro persiguiendo una zanahoria atada a el mismo. Cada vez que avanzamos para alcanzarla ésta se vuelve a alejar imposibilitándonos alcanzarla.

Vivimos acostumbrados a la constante búsqueda de alcanzar objetivos. Cuando llegamos es cuando lo disfrutamos. El budismo sostiene que la vida es sufrimiento y propone la ley del karma, en la cual todo tiene una causa. Así, para eliminar el sufrimiento debemos eliminar su origen, el deseo y el apego al mismo. Por esto busco la idea análoga con alcanzar la verdad. No alcanzar la verdad, sino tal vez la “búsqueda de la verdad” en sí mismo como un fin.

Ignacio Rodríguez

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